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Sobre los sueños

Los sueños responden a los acontecimientos concretos y literales de la vida con metáforas que resaltan el sentido interno de la cotidianidad, poniendo en evidencia el encuentro entre el mundo interno y el externo. Un evento cualquiera se convierte en una experiencia cuando adquiere un sentido, cuando de la temporalidad y materialidad, se crea una imagen subjetiva y atemporal.

El trabajo con los sueños nos despierta a reimaginar la literalidad de la vida,  descubriendo un lenguaje con resonancia metafórica. Diferente a la interpretación de sueños, trabajar con los sueños abre la imaginación. La lógica que sirve para el mundo externo es la de causa-efecto, la lógica del mundo interno es la asociación e imaginación. Las asociaciones, diferentes al pensamiento concreto, son plurales, dinámicas y universales. Diferente al razonamiento de la mente despierta, durante los sueños se lleva a cabo un pensamiento más intuitivo, más asociativo, emocional y, por tanto, mucho más creativo. Así, el trabajo con los sueños comienza con el reconocimiento de distintos estilos de consciencia y percepción.

El sueño es un espejo invertido para la realidad ordinaria; es como si el sueño hiciera un comentario “desde dentro” a lo que pasa de manera ordinaria, dándole nueva forma y posibilidad a las imágenes de la vida. El sueño es un encuentro entre otros encuentros: entre la realidad somática, las emociones, los pensamientos y la dimensión más allá de lo personal que llamamos transpersonal o espiritual.

La vida se comunica con nosotros a través de imágenes y las imágenes de los sueños no pertenecen al mundo de la percepción ordinaria, pertenecen al mundo de la imaginación. No podemos “ver las imágenes”, más bien, las imaginamos. Las imágenes no son solamente algo pictórico o visual, son experiencias compuestas de emociones, ideas y sensaciones. Las imágenes son vivencias pues las experimentamos irremediablemente cuando aparecen.

La vida nos dice lo que quiere de nosotros a través de las imágenes que nos presenta; la imagen, diferente al concepto, quiere que entremos en relación con ella transformándola y transformándonos. Para aprender a dialogar con la vida a través de sus imágenes, practicar con los sueños es fundamental. Las imágenes de los sueños nos ayudan a practicar el diálogo con lo imaginal pues, “como solamente es un sueño” nos atrevemos a dejar que nos afecten. Si practicamos transformarnos con las imágenes de los sueños, poco a poco podemos  entrenarnos para re-imaginar lo que acontece en la vida cotidiana desde un punto de vista menos lógico y personal y más ana-lógico y cerca del alma.

María Ana Islas

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